Cuando dependes de la tecnología, por Aura López

Aura López es especialista en tecnología, colabora en La Oveja Eléctrica de Canal 22, unocero.com y en Ibero 90.9.

 

¿Cuál sería el colmo de alguien que trabaja en tecnología? Probablemente, hablar de tecnología y no tener ni un solo gadget o no conectarse nunca a internet o, a lo mejor, en el peor de los casos detestar su trabajo. En mi caso, es diferente. Mi colmo, en este momento es depender de la tecnología. Yo no diría que en exceso, pero uno se acostumbra a sus mañas. Querido lector, lamento informarle que en estos momentos me encuentro escribiendo este artículo desde un iPad -prestadasin conexión a internet y, yo no sé si lo notan, pero en mis textos, para ésta y cualquier otra entrega, me encanta investigar, cosa que no está siendo posible en este momento. ¿Cómo llegué aquí? Mala suerte y falta de uso. Les explico. Hace un año justamente me compré una computadora nueva para “jubilar” a mi compañera entrañable que pagué a 12 meses con intereses: Mi MacBook Air. Aún recuerdo la primera vez que la estrené. Fue el 5 de octubre del 2011, el día en que se me quemaban los dedos porque debía entregar muchos textos sobre la muerte inesperada de Steve Jobs para CNN México (espero que mi memoria no me engañe, a falta de Google). En su momento, era una joya y la novedad para mí, después de haber cargado una PC como de 4 kilos, era su ligereza, algo impresionante hasta la fecha. Mi querida compu me acompañó a muchos viajes laborales, desde ferias de tecnología en Costa Rica, Las Vegas y Berlín hasta el Google I/O en San Francisco, por mencionar algunos eventos. Pasó por todos mis ciclos laborales, desde Grupo Expansión y Unocero hasta Ibero 90.9 y Primero Noticias. Lo confieso, fueron 7 años de felicidad y en realidad todo iba bien. Mi plan era jubilarla de tiempo completo, más no dejarla de usar para viajes y otras ocasiones. Hoy descubrí, a la mala, que si un objeto deja de ser usado, se echa a perder. Punto. (Esto aplica en todo, el famoso “lo que no se usa se atrofia”). Me regreso todavía dos pasos atrás para explicarles mejor. Mi nueva computadora, una MacBook Pro mandada a hacer es todo un avión: 16 GB en RAM, 256 GB de almacenamiento, procesador iCore 7, vamos, perfecta para editar video. Sin embargo, por alguna extraña razón, enloqueció. Un día, de la nada, escribí una dirección en el URL y se quedó trabada, como si una tecla se hubiera quedado pegada. En estos momentos está en revisión y la pobre, aún no llega al año.  #Yoconfieso que no estaba preocupada, pues, tenía a mi entrañable Air en casa y pensé que todo estaría bien. Hasta que la encendí, después de tres meses de no usarla y descubrí el horror: ¡está hinchada! Y con ello, la pantalla descuadrada, el trackpad fuera de lugar y la batería muerta. No necesito ser Sherlock Holmes para llegar a la suposición de que la batería se infló o algo por el estilo, sin internet, no puedo meterme a foros, buscar “MacBook Air inflada pila muerta” ni nada similar. Como dicen por ahí kaput (sí, tampoco sé si así se escribe). La buena noticia, es que cargaba un iPad mini. Y con ella me he podido sentar a contarles mis penas. Honestamente, este suceso me ha hecho pensar en mi dependencia a la tecnología, que en realidad es normal. No escribo esto desde un celular porque ése sería mi último recurso porque, como lo decía en un principio, cada uno tiene sus mañas. Sólo me he cuestionado lo curioso que es no poder vivir ahora sin computadora, aunque pasé muchos años de mi vida sin ella. Más curioso es pensar cómo las nuevas generaciones ya ni se acordarán de ella pues crecerán en un mundo de smartphones.

Ahora, yo sé que muchos prefieren la PC y está bien. A mi me gustan las Mac y no porque me haya pasado esto diría que son malos productos porque no ha sido el caso, al contrario, cada inversión que hago siempre ha valido la pena y su soporte técnico es la onda. Al menos a mí, me han resuelto muy bien.

¿Y por qué no tengo internet? Porque me fui de viaje unos días para descansar. Tal vez sí, al final, el colmo de los que trabajamos en tecnología es querer desconectarnos de vez en cuando. ¡Y vaya que lo logré!